Thursday, February 09, 2012

El hombre de la chaqueta bordada

Siempre que salgo a la puerta a fumarme un cigarro aparece algún extraño forajido de la sociedad a hablar conmigo. El último era de lo más original: en lugar de hablar con palabras como todo el mundo, balbuceaba unos cuantos tópicos en español del tipo "paella" o "vamos a la playa" o "Conchita". Vestía de pies a cabeza con un atuendo vaquero ajustado, en cuya chaqueta llevaba bordados motivos de colores -hechos por él mismo a mano, como bien me explicó después- y su propio nombre a juego. Su cara me recordaba vagamente a la de Richard Gere, pero con unas cuantas lonchas de bacon diarias para desayunar acumuadas durante años seguidas de un par de cigarros y nada de pasta de dientes.

Su propósito era que observáramos su mirada infantil, ebria y sin embargo inocente. Y lo hacía del siguiente modo: cada vez que comenzábamos a hablar de cualquier cosa entre las personas que venían conmigo él interrumpía la conversación para recordarnos que su hermano estaba atrapado en una seria diatriba con su mujer chilena, y demás balbuceos indefinidos que captaban nuestra atención para poder así él dedicarnos de nuevo una sonrisa boba acompañada de un gracioso silencio.

Hubiera pensado que era un hombre gay tratando de establecer un encuentro rápido si no fuera porque la persona con quien él más insistía en hablar era yo. A pesar de la situación absurda y la conversación ahogada yo no paraba de pensar que debía haber algo lúcido en esa cabeza simplemente por el hecho de que el atuendo que el hombre se gastaba era de lo más innovador, entrañable, fuera de toda moda y a la vez digno de ser copiado. Quise comprarle la chaqueta, momento en el cual me indicó que él mismo era el autor de los bordados y que tenía un negocio de costura "hecho a mano" en su estudio de artista. Después, de nuevo comenzaba a hablar de la chilena, incluso nos dio su teléfono para que la llamáramos, cosa que yo hice inmediatamente para añadir un capítulo más a la historia. Por desgracia nadie cogió el teléfono, pero en un mundo de ficción esta no hubiera sido sino la puerta de una larga historia de encuentros en la ciudad con una serie de personajes excéntricos y extranjeros vestidos con ropa bordada.

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