Hice realidad mi idea
de convertir tu cuerpo en una ciudad.
Enredo mis dedos en los rayos de sol oblícuos de la calle Segovia y me pierdo en los ojos de la tarde.
Toco a todos los timbres de un portal de Tirso, antíguo y oscuro, donde no contesta nadie.
Camino hacia abajo, ya en la noche, de Callao a Plaza de España, acariciando las fachadas y escuchando el transcurrir de los transeúntes
como un latido contínuo que no para,
que me hace proseguir sin miedo,
que parece constante.
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